Las expectativas son veneno para el alma.

 

Cuando se realiza lo que esperas, te quita la sorpresa, y cuando no, te decepcionas.
Echa tu caña al agua y espera silenciosamente.
Las personas, a veces, son muy exigentes consigo mismas, con los demás y con el entorno. Otras, en cambio, no se exigen, pero mantienen un desdén, una displicencia muy alta, casi una desatención, cuando no les importa nada. Estos dos polos nos hacen sentir o demasiado tensos, o demasiado blandos.

De la misma manera que las cuerdas de una guitarra, no tiene que haber demasiado de lo uno ni de lo otro. Para conocernos a nosotros mismos –nuestra esencia, nuestras reacciones instintivas, nuestras respuestas conscientes, nuestros hábitos, nuestros gustos, etcétera–, tenemos que vernos como una película, como la gaviota que está viendo los peces en la superficie: primero observa antes de ir a por ellos. Las expectativas son un veneno que contamina el espíritu. Si no viene el resultado esperado, se produce insatisfacción y ansiedad, incluso enojo; si por el contrario, viene lo que esperábamos se pierde la sorpresa.

Tenemos que comprender que la sorpresa es un componente importante de la vida. La sorpresa no quiere exigencias ni rutina. hay que recibir el momento mágico en que dos seres dejan de ser desconocidos para sentir que la línea del destino los une, ya sea una pareja, un compañero de trabajo, una amistad, etcétera. Es una novedad conocernos a nosotros mismos, como también conocer a alguien nuevo.

Para pescarnos a nosotros mismos, para conocernos profundamente, las expectativas y las autoexigencias rígidas tienen que desinflarse como un neumático. Tenemos que ser tolerantes y compasivos con nuestra personalidad. Tenemos que descubrir nuestra genialidad (que no es otra cosa que nuestros mejores genes). Tenemos que descubrir el potencial y el talento que cada uno tiene para compartirlos y expandirlos en todas las direcciones. Pregúntate cuál es tu principal talento, qué es lo que mejor sabes hacer, qué es lo que más te satisface, lo que te da sensación de plenitud.

Somos un tesoro en una isla escondida. El tesoro de nuestro corazón es un cofre con monedas de oro y diamantes.
Somos seres muy ricos en humor, capacidades artísticas, amor, inteligencia, ocurrencias, misterio, talentos, inquietudes científicas, inspiraciones, etcétera.

Tenemos mucho potencial que no vemos y no usamos. Cuando un pescador de sí mismo los usa destaca del resto, se convierte en un ser que se realiza a sí mismo. El zen es un florecimiento, es el agua para regar tus flores interiores, el aporte para que destiles todo tu perfume en el ambiente.

 

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Guillermo Ferrara

Escritor, terapeuta, místico, autor de 23 libros traducidos al inglés, griego, alemán, francés, chino, serbio, ruso, rumano y portugués. Sus libros son un valioso aporte para que las personas mejoren su calidad de vida.

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